12 octubre 2006

Alguito sobre Cristianos y Política


En el pasado, un sinnúmero de cristianos han incursionado en la política tanto a nivel nacional como a nivel internacional, es del caso nacional del que nos intentaremos ocupar este jueves, sin embargo, será interesante tener un tiempo en el que podamos conversar y sobretodo informarnos acerca de la mecánica estado-religión en los Estados Unidos. Si se puede hablar de un país donde la participación cristiana en política es casi total y hasta decisiva, es ahí.

En lo referente al Perú, acabo de terminar de leer un excelente libro llamado “La Seducción del Poder” de Darío López que es un análisis muy interesante acerca de la participación de los evangélicos en diferentes ámbitos del aparato político especialmente en la década de los 90s.

Intentando hacer un poco de resumen acerca del libro y de las preguntas que me gustaría podamos discutir este jueves, empezaré comentando que a lo largo de la aparatosa historia política semi-democrática del Perú, antes de las elecciones generales de 1990 en donde Alberto Fujimori fue elegido Presidente, solo hubieron casos aislados de políticos evangélicos que incursionaron en la gestión pública. Resaltan el caso de José Ferreira, senador y diputado en múltiples ocasiones por el departamento de Pasco, persona por la que solo puedo tener palabras de halago después de leer una breve narración de su vida que estuvo plagada de un sentido de ayuda y servicio a su comunidad y sociedad. En 1962 se afilia al APRA en donde se convierte en discípulo directo de Ramiro Prialé. Por otro lado destaca la figura del ingeniero y pastor Pedro Arana, discípulo de Ferreira, miembro de la asamblea constituyente de 1978 también por el APRA.

Después de estas 2 breves pero resaltantes incursiones en política, sucede el llamado “boom evangélico” en las elecciones de 1990 donde 17 congresistas evangélicos son elegidos como representantes tanto en filas del oficialismo como de la oposición logrando incluso la segunda vice-presidencia del congreso. En ese momento se especula acerca de la capacidad para elegir representantes del pueblo evangélico y se llega a dar por sentado que el apoyo de los evangélicos a la candidatura de Fujimori fue el determinante que le dio la posibilidad de disputar la segunda vuelta electoral e incluso lograr la victoria por encima de Mario Vargas-Llosa. Según López, tal afirmación es imprecisa y poco creíble pues para las elecciones de 1990 el Perú contaba con cerca de 10 millones de electores hábiles de los cuales tan solo 500 000 eran evangélicos según las aproximaciones mas optimistas. A este cálculo se le debe sumar el hecho que dado que los congresistas evangélicos elegidos no fueron solo del partido de Fujimori, se deduce que no todos los evangélicos votaron por él, mostrando entonces que no es posible que ellos llevarán a Fujimori al poder como algunos analistas afirman.

Durante el periodo democrático de Fujimori no hay casi nada destacable de estos congresistas que rápidamente vieron cortadas sus inicios de carreras políticas por el autogolpe del 5 de abril de 1992. Frente a este hecho me quiero detener un momento y resaltar ya no tanto la labor política de los congresistas evangélicos sino más bien de instituciones evangélicas como el CONEP y AGEUP. El CONEP en un comunicado de prensa con fecha 9 de abril de 1992 deploró públicamente ese acto anti-democrático por considerar que era una “ruptura del orden constitucional” sin embargo, que el CONEP deplorara este acto no quería decir necesariamente que fuera el pensamiento general del pueblo evangélico, de hecho, en un debate en el congreso de la república en 1993, el congresista evangélico Gilberto Siura, de quien nos ocuparemos mas adelante, se refirió al 5 de abril como “el glorioso 5 de abril”. Este hecho nos muestra un aspecto muy significante de la posición de la iglesia evangélica dentro de la sociedad, en primer lugar, el evangélico como ciudadano con una opinión personal que dentro de un aparato democrático es tan valedera como cualquiera otra y en segundo lugar, la iglesia como institución, “representante” de la voz de los evangélicos en la sociedad. La pregunta que me gustaría plantear hasta este momento del escrito es la siguiente, ¿es legítimo que una institución (CONEP, AGEUP, etc.) se manifieste en el escenario público y político como la voz de los evangélicos en temas sociales? Yo tengo una posición específica al respecto que me gustaría podamos debatir el día jueves, pero plateo la siguiente contra-pregunta ¿es legítimo que en instituciones en las que no se vota por los representantes de manera democrática, se les permita elevar su voz como representantes de un sector de la sociedad civil?

Para continuar con el debate me gustaría que podamos opinar respecto a las actuaciones como legisladores de congresistas como Gilberto Siura, Alejandro Ruperto Abanto y Pedro Vílchez Malpica, para hacer un breve resumen de su labor, podemos decir que Gilberto Siura fue uno de los congresistas del oficialismo que mas tenazmente apoyo el régimen de Fujimori después del auto-golpe de 1992, apoyo tenazmente la ley de Amnistía para los militares que cometieron delitos contra los derechos humanos que se aprobó en el congreso en 1995, entre otras cosas. Respecto a ese tema podemos citar sus siguientes palabras: “Con la amnistía se va a lograr la reconstrucción nacional (…). Hoy no estamos buscando culpables sino estamos buscando la reconciliación a través del uso de una facultad que nos confiere la Constitución: el derecho de amnistía (…). Quienes gozamos de la gracia de Dios también sabemos ejercer el perdón. Quienes se crean libres de pecado, seguirán tirando piedras de odio y venganza como se quiso hacer con la mujer samaritana. Que el que no tenga pecado, pues sea el primero en tirar la primera piedra. Pero, hoy yo elijo el perdón, la paz y la piedad. Repito las palabras que dijo Jesús a la mujer samaritana: “Ninguno te condenó, pues ni yo te condeno. Vete y no vuelvas a pecar más”.

Respecto a Alejandro Ruperto Abanto, se puede decir que fue un congresista que pasó mas que inadvertido durante toda su legislatura, casi no planteó ningún proyecto de ley y se dedicó mayormente a “hacer el amén” a todo lo que el régimen fujimorista del momento proponía, sin embargo, salto a la fama en 1998 con un proyecto de ley que prohibía el uso de la minifalda en las instituciones públicas y privadas de concurrencia pública. Este proyecto de ley fue calificado como “la ley contra la tentación”, citaré un pasaje de un medio de comunicación de la época al respecto: “Alejandro Abanto Pongo abandonó su perfil bajo, casi anónimo y decorativo, para saltar a la “fama”. El Trampolín: una minifalda. En menos de un día, concedió mas de 10 entrevistas, piso sets de televisión, habló en la radio (…). Fue el centro de la noticia. O en otras palabras, fue la vedette de la semana.”.

Lo que se evidencia en casos como estos de representantes políticos evangélicos es que entraron en política de una manera improvisada, para hacer uso de la misma del mismo modo o hasta peor que los políticos tradicionales y que en momentos intentaron “excusar” sus acciones desde un punto de vista teológico. Se sabe también que el gran apoyo de ciertos sectores evangélicos que poseían pasaba mayormente porque se llenaron de asesores evangélicos a los cuales les concebían favores en asuntos públicos para uso personal o para uso de la congregación en general. Me gustaría que opináramos respecto al argumento esgrimido en muchas ocasiones por sectores evangélicos que decían que dichos representantes eran “colocados por Dios”. ¿Creen qué Dios coloca a este tipo de personas en el aparato político con algún fin en particular? ¿O creen qué los cristianos estamos todos llamados a participar en la sociedad y por ese motivo tendríamos que colocarnos a nosotros mismos en esos lugares? ¿Es beneficioso o es perjudicial para la imagen de los evangélicos que participemos en política? Y en esta última pregunta no dejemos de tomar en cuenta el caso de José Ferreira. ¿Es beneficioso o perjudicial para la sociedad que los cristianos participemos en política?

Finalmente hay un aspecto final referente a temas políticos y de representatividad que me gustaría que toquemos. En el libro de Darío López se menciona el caso concreto de 2 grupos u organizaciones populares, los ronderos y las organizaciones de supervivencia (comedores populares, vaso de leche, etc.). El caso de los ronderos lo podremos comentar con mayor detalle el día jueves, pero para dar una idea deberíamos saber que un gran porcentaje de ellos eran evangélicos de las iglesias de las zonas atacadas por el terrorismo lo cual no es casualidad, tiene un motivo. El de las organizaciones de supervivencia es particularmente interesante pues ser un representante en este tipo de organizaciones es también un tipo de política. Se sabe de cristianos que decidieron abandonar la comodidad de su vida evangélica tradicional e involucrarse de manera activa en su comunidad, organizando los comedores, negociando los presupuestos, obteniendo donaciones, etc. y que fueron muchas veces desalentados por sus pastores que consideraban ese tipo de actividades como mundanas. ¿Es correcto qué un cristiano tome parte activa en la representatividad de su comunidad? ¿Es correcto que un cristiano tome las armas para defender a su comunidad? ¿O deberíamos quedarnos orando por los gobernantes y esperar que las cosas se solucionen? en caso decida tomar las armas, ¿Qué tipo de justicia se debe aplicar para las personas que mueran en esos casos? ¿Es correcto ante los ojos de Dios que un cristiano mate a un ser humano, así sea por defender a la comunidad?

En lo referente a un poco de actualidad, podríamos hablar también de los partidos políticos evangélicos, que a lo largo de la historia han demostrado tener una especie de “llamado oportunista” justamente antes de las elecciones, sin planes de trabajo concretos, sin perspectiva, sin políticas de gobierno a largo plazo y apelando tan solo a la reserva moral con la que el pueblo evangélico cuenta (por ahora). Se ha evidenciado recurrentemente que siempre han carecido de personas con la debida preparación académica para ocupar cargos públicos y que generalmente han llevado como candidatos a pastores (con título). El caso mas reciente que no necesita aclaración ni explicación es el del pastor Lay y su “exitosa” candidatura a las elecciones generales de 2006 en la que se llevo el apelativo del “mas grande de los chicos” superando la valla electoral y colocando congresistas en el congreso, cosa que no pudo lograr el partido de gobierno en ese momento Perú Posible. ¿Debemos los cristianos formar partidos políticos cristianos?¿o los que tengan el llamado a incursionar en política deberían hacerlo desde los partidos políticos tradicionales?¿qué hacer en un partido político cristiano que llevará siempre la bandera de la honestidad cuando ocurran casos de corrupción?¿estamos de acuerdo con la candidatura de Lay?¿esta bien que se presente como el representante de los evangélicos?¿esta bien que se le considere el representante de los evangélicos?¿es la creencia religiosa necesariamente un elemento de afinidad política?. Preguntas para meditar que conversaremos con mayor detalle el día jueves.

Colapso

1 comentarios:

Pablo dijo...

Amigos hermanos de Perú. Los saludo con la Paz del Señor. Sobre este tema yo si que tengo alguito para decirles. Presido un partido llamado Movimiento Social Cristiano y soy Director de Emergencia Social en el municipio de Quilmes Bs. As. y tengo escrito un libro que aborda el tema tangencialmente. Me interesa abrir un debate. y no una guerra santa.
aca algunos datos www.mosocri.blogspot.com
lenzdetarso@yahoo.com.ar
Espero su rta.
bendiciones
Pablo Lenz

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