31 mayo 2007

Bosquejo Reunión 01 de Junio

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De una manera muy superficial podemos tratar de entender nuestra realidad como peruanos y, basados en la forma en cómo entendemos el evangelio, tratar de ver cómo la iglesia se desenvuelve ahora y cómo debería actuar.

O sea, cosas así (son ideas sueltas y sin orden):

(1) Realidad social

Perú: la mitad pobre (y con muchos contrastes económicos), muchos analfabetos, falta de recursos, falta de trabajo, mala educación, problemas de nutrición. Brujería-ocultismo, SIDA, terrorismo, antecedentes de dictadura, años de crisis económica, diversidad enorme: cultura "urbana", quechua, aymara, selvática. Migración, narcotráfico, delincuencia y violencia, racismo. Injusticia económica (es la zona del mundo de mayor desigualdad económica). Centralismo. Informalidad. ¿Cómo somos nosotros, como grupo, socialmente???


(2) Realidad personal

En base a eso: ¿cómo somos los peruanos???

Católicos, supersticiosos, racistas, "vivos" criollamente hablando, diversos (por las inmigraciones española, china, japonesa, afro, y los originarios andinos). Clases sociales marcadas, amor a lo extranjero, individuales (en la ciudad) y comunitarios (en el campo), políticamente el país es distribuido. El universo andino es distinto, más supersticioso. En la sierra son regionalistas. Machismo. En base a esto, ¿cómo es el evangélico típico????????? Hay que describirlo. ¿Cómo somos desde el punto de vista psicológico????


(3) Realidad histórica

Para esto, hay que ver nuestra historia y nos ayudará a explicar un poco de lo anterior:

Culturas, incas, conquista, independencia, etc etc etc. Esto nos ayuda a explicarnos. También hay que ver la historia de la evangelización en el Perú.


Ante todo lo anterior: ¿Cómo ha actuado la iglesia????? Ha sido feliz y conformista, ha vivido encerrada, indiferente, sin compasión -como Jonás-, viendo a los necesitados como objetos y no como sujetos, no les importa la pobreza, ha puesto muchas excusas, ha coqueteado con el poder y la gloria, fueron un poco como los "conquistadores"


¿Cómo debería actuar????? Creo que la clave es entender que la misión es de todos, que tiene que estar comprometida con la evangelización, vivir todo el evangelio, y entender que el reino de Dios está aquí y ahora.


Pienso que esto último debemos analizarlo basados en Lucas 4:18-19 y responder si la iglesia ha hecho lo que hizo Jesús.



¿Qué piensan??? ¿De qué otra forma lo podemos tocar???

16 mayo 2007

La educación en los cristianos

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Un proverbio chino dice:

Yo oigo, y me olvido.
Yo veo, y recuerdo.
Yo hago y lo entiendo.

A nuestro juicio, cuando nosotros hacemos, el resultado es más que entender; nosotros también cambiamos. Por eso, podemos decir que: “mientras vivimos aprendemos; y mientras aprendemos vivimos”. Esto nos ayuda a entender que: “la educación no es simplemente adquirir conocimientos, sino aplicarlos”.

Lo citado a continuación, nos ayuda a comprender la realidad concerniente al tema de la educación; tanto en el Perú como en la iglesia.

El problema de la humanidad y de la educación no es económico sino sobre todo ético. ¡Es un problema moral!” (Jennifer Weissenberg Gandhi, nieta de Indira “Mahatma” Gandhi).

A los gobiernos peruanos les importa un pepino lo que ocurra con la cultura y la educación en el Perú. La razón: creen que no les dan votos” (Alonso Cueto) Perú 21 – 6/03/06.

Jorge Enrique Díaz, director general de la Casa Bautista de Publicaciones, abundó en el polémico asunto: “Creo que el problema de fondo en nuestra América Latina es que vemos a la educación como un ‘gasto’ y no como una ‘inversión’ en la formación del pueblo de Dios. Las iglesias están dispuestas a invertir en guitarras, panderetas y tambores y equipos de sonido ‘según el último grito de la moda’, pero aprietan duro el billete cuando se trata de educar a los creyentes para el ministerio”.

Jorge Enrique Díaz afirmó que: “Sin dudas las instituciones y organismos deberían ayudar. Cómo hacerlo sin crear un estilo de vida de dependencia, sin ‘alienar’ o ‘descontextualizar’ la educación y formación de nuestros pueblos e iglesias y sin promover ‘ideologías y novedades’ es algo como para ponerse a pensar. El otro asunto es en qué cantidades y en qué lugares se debe poner el apoyo. El subsidio es como el abono a las plantas: demasiado y muy cerca de la raíz la puede matar. Muy poco y muy lejos: no sirve para nada”.

El saber es un poder. Con esto queremos decir que: “Un conocimiento, un estudio superior, incluso un libro que uno tiene y otro no, puede transformarse en un poder sobre los otros”.
La dicotomía del mundo evangélico

El mundo evangélico no ha logrado encausar la formación y el estudio bíblico, es decir, desarrollar una toma de conciencia que la gente de nuestras iglesias, tiene la responsabilidad de hacer teología. «Hacer teología» simplemente tiene que ver con reflexionar sobre el texto bíblico leído. Es por eso, que: “Los teólogos y los pastores son llamados por Dios para hacer más accesible el diálogo de Dios con cada persona mediante su Palabra, y para eso se necesita preparación”.

Así, pues, nos encontramos ante una realidad que en la práctica manifiesta una dicotomía, y un enfrentamiento, entre los que tienen algún estudio de seminario y los que no. ¿Cómo actúan normalmente los que no tienen estudios?

-Adoptan una “postura de inferioridad” y desde allí dicen que “la teología no sirve para nada”.

-Descalifican a aquellos que dedican “tiempo y talentos” a la investigación y al análisis profundo de la Palabra.

-Reemplazan la formación que no poseen con experiencias o anécdotas que nadie puede contradecir, puesto que son subjetivas (no verificables).

De esta manera, observamos que “algunos rechazan la reflexión bíblica porque no se han decidido a realizar un esfuerzo por sí mismos. Otros, porque sus complejos de inferioridad los llevan a descalificar lo que ellos no fueron capaces de obtener con dedicación”. Y entonces prefieren decir: «¡Estudiar teología no sirve para nada! Es para los seminarios o los escritorios de los teólogos. Nosotros somos pastores prácticos».
Vocación y carácter

Nuestra vocación y nuestro carácter son importantes, pero no son suficientes para asegurar la eficacia en nuestro desarrollo ministerial.

Sería absurdo suponer que, mientras se incrementan cada vez más las exigencias de formación profesional en las empresas e instituciones, se pueda cumplir con responsabilidad en la iglesia prescindiendo de una preparación adecuada.

El hecho de que Dios haya usado en algunos casos a hombres sin capacitación no sienta ningún precedente normativo. Las Escrituras abundan en ejemplos que muestran de manera sobresaliente la necesidad de que el siervo de Dios sea debidamente habilitado para el cumplimiento de su misión. Las antiguas escuelas de los profetas, a partir de Samuel, ofrecen una muestra. Jesús dedicó la mayor parte de su ministerio para formar a los apóstoles. Pablo, educado a los pies de Gamaliel y buen conocedor de la cultura griega, pasó dos años en Arabia formándose en su nueva fe antes de entregarse completamente a su gigantesca obra misionera. Parte de su estrategia para la expansión del Evangelio era el entrenamiento “en cadena” de hombres fieles e idóneos para la enseñanza”.

“Tú has oído lo que les he enseñado a muchas personas. Ahora quiero que enseñes eso mismo a cristianos en los que puedas confiar y que sean capaces de enseñar a otros” (2 Timoteo 2:2) BLS.
Opciones de Educación teológica

Actualmente las opciones para adquirir una educación bíblico-teológica son diversas. Además de los seminarios, institutos bíblicos y otros centros análogos, se están multiplicando, los seminarios por extensión, los cuales posibilitan la formación de los ministros sin que estos tengan que hacer cambios significativos de residencia y estilo de vida. Los cursos por correspondencia son otra opción de estudio sistemático. Y junto a todas las modalidades de educación formal, siempre está la alternativa de la formación autodidacta.

No podemos asegurar cuál debe ser el mínimo de preparación para el hombre o mujer que desee servir al Señor, pero sí vamos a señalar los factores que consideramos son indispensables.

a. Formación bíblica:

-Cualquier cristiano debe tener como base la Palabra de Dios.
- Escudriñando sistemáticamente cada uno de los libros de la Biblia, y si es posible, que la investigación sea exhaustiva.
- Como decía J. H. Jowett: “Con el hábito de esfuerzo mental propio de los días de estudiante”.

De lo expuesto hasta ahora, podemos sustentar que:

- Todo libro, incluyendo a la Biblia debe leerse con actitud crítica (no de manera pasiva, sino activa y en una ida y vuelta permanente con el texto).

- No todo lo que leemos en una buena obra, merece nuestra aprobación.
- El cristiano debe proceder de la misma forma que lo hicieron los creyentes de Berea, contemporáneos de Pablo. “Estos judíos, que eran de mejores sentimientos que los de Tesalónica, de buena gana recibieron el mensaje, y día tras día estudiaban las Escrituras para ver si era cierto lo que se les decía” (Hechos 17:11) DHH.

-Y estar en condiciones de “examinarlo todo y retener lo bueno”. “Pónganlo todo a prueba, pero quédense sólo con lo bueno” (1 Tes. 5:21) BLS.

-“La Palabra no sólo debe iluminar nuestra mente; Sino, más bien; debe trazar todos los perfiles de nuestra actuación. Por eso, el verdadero talento bíblico se demuestra sólo cuando la brillantez de pensamiento y de expresión va acompañada de un estilo de vida genuinamente cristiano”.

b. Formación cultural:

-No debemos olvidar que los más grandes líderes del pueblo de Dios tuvieron una cultura muy amplia.

- Moisés fue “enseñado en toda la sabiduría de los egipcios”. “Moisés recibió la mejor educación que se daba a los jóvenes egipcios, y llegó a ser un hombre muy importante por lo que decía y hacía” (Hechos 7:22) BLS.

-Isaías da evidencias de una intelectualidad refinada.
-Pablo, paralelamente a su instrucción teológica, manifiesta una gran formación humanística, con conocimiento de la filosofía y la literatura de su tiempo.
-Podríamos añadir los nombres de Jorge Whitefield, Juan Wesley, Jonatán Edwards y muchos más, en quienes la piedad y la erudición (conocimiento) se combinaron admirablemente para hacer de ellos instrumentos que Dios usó grandemente.

- En nuestro tiempo, cuando a la educación se le da tanta importancia, es inconcebible que un cristiano carezca del mínimo de formación cultural.

- No es un desacierto el consejo de Karl Barth de “Leer cada día la Biblia y el periódico”. La primera nos permite conocer a Dios. El segundo nos ayuda a conocer al mundo. Esto, nos indica que debemos tener equilibrio.

Por las diversas fuentes de lectura que utilicemos seremos enriquecidos en todas las disciplinas. Y creceremos en humildad al descubrir que tras cada cosa aprendida quedan aún mil por aprender. No obstante, es aconsejable ordenar sabiamente las lecturas. Porque, la limitación del tiempo impone que la lectura sea selectiva. Y las obras escogidas deberían ser las mejores de cada materia, pues lo importante es la calidad, no la cantidad.

Thomas Hobbes, filósofo inglés, decía: “Si hubiese leído tantos libros como otras personas, sabría tan poco como ellas”. Después de todo, el hombre de sólida formación, el estudioso es únicamente la materia prima de la que se está formando el cristiano.

Tampoco debemos negar que los hábitos de estudio van acompañados de tentaciones engañosas. Como lo menciona Watts: “Todo aumento del conocimiento intelectual tiene una natural tendencia a la exaltación propia... Un juicio sano y una mente espiritual deben encaminar los estudios hacia el fin principal del ministerio” (Watts, Humble endeavour for a revival, págs. 17–18).

Podríamos concluir diciendo que: “No leer ni estudiar en absoluto es tentar a Dios; no hacer otra cosa que estudiar es olvidar el ministerio; estudiar sólo para gloriarse en el conocimiento que uno posee es vanidad vergonzosa; estudiar en busca de medios para adular a los pecadores es una prevaricación deplorable; pero llenar la mente del conocimiento propio de santos mediante el estudio y la oración y difundir ese conocimiento con sólidas instrucciones y exhortaciones prácticas es ser un ministro prudente, celoso y activo” (C. Bridges, The christian ministry, pág. 50).

c. Formación humana:

Con formación humana nos referimos a los conocimientos que se adquieren por el contacto directo con el mundo que nos rodea, especialmente con nuestros semejantes.

- Este sistema de formación es insustituible.
- Por medio de él aprendemos cosas que no llegamos a encontrar en los libros.
- Hay mucho en la vida humana (negativo ó positivo), de lo que debemos ser testigos presénciales para poder comprenderlo a fondo.

Ciertamente, nada hay más impresionante ni más enriquecedor que contemplar cara a cara la vida humana con su riqueza de experiencias, con sus misterios y sus contradicciones, con sus glorias y sus miserias. Pero este gran “libro” que la existencia misma nos ofrece no es fácil de leer. Exige atención. Es necesario aprender a detenerse, observar y escuchar. Y después de haber visto y oído, es imprescindible reflexionar. Desgraciadamente, la facultad de reflexión se halla adormecida en muchas personas, incluidas algunas de las que se consideran intelectuales. Quizás la causa radica en un exagerado activismo, aún de tipo intelectual, que priva del tiempo necesario para meditar. Sólo si dedicáramos más tiempo a la meditación reflexiva nos beneficiaríamos plenamente para nuestra triple formación: bíblica, cultural y humana.

“Fallar en prepararse es prepararse para fallar”

El mundo de hoy exige una preparación sólida (formación integral), en el aspecto: intelectual, humano y espiritual. “Sobre la importancia espiritual se escribió mucho a lo largo de la historia, y lo mismo en relación a la formación intelectual. Con respecto a la formación humana, existía un gran vacío, en el sentido que tantas veces era dado como algo implícito, o se consideraba insertado naturalmente en otras dimensiones, o tal vez porque el cristiano era visto más en su dimensión espiritual, como un hombre diferente de los demás, que en su dimensión propiamente humana”.

Nuestro objetivo es: formar cristianos capaces de relacionarse con los otros, para ser “hombres de comunión”. “esto exige que el cristiano no sea arrogante, ni peleador, más por el contrario, amable, hospitalario, sincero, en las palabras y en el corazón, prudente y discreto, generoso y disponible para el servicio, capaz de ofrecerse personalmente, y despertar en todos, relaciones buenas y fraternas, pronto para comprender, perdonar y consolar”.

Y Podríamos afirmar con certeza que, si queremos cristianos humanos y abiertos al otro, existe también una necesidad urgente de personas maduras que los ayuden en este camino. Aparece claro el hecho que los formadores deben ser “escogidos entre los mejores y diligentemente preparados con una sólida doctrina, de conveniente experiencia y de una especial formación espiritual y psicológica” (Optatam Totius).

Sin duda, que esta reflexión nos compromete a quienes acompañamos a los jóvenes a prepararnos más y a seguir poniéndonos en las manos del Señor, que es “finalmente el que conduce el proceso formativo”.

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