01 diciembre 2007

Reflexiones sobre el grupo


Si pienso en nosotros, inmediatamente observo que todo debe partir de la comunidad, de todos nosotros juntos. ¿Qué tipo de comunidad es la que somos, la que debemos ser? Una que siga dos cosas:

a. Un modelo trinitario: el la trinidad todos son iguales. Y ES la trinidad nuestro ejemplo por excelencia de comunidad.

b. Un ejemplo que tenga siempre presente la entrega de Cristo al venir a la cruz para morir por nosotros y abandonar su dignidad divina en los cielos. Esto se refiere al trato entre los mienbros de la comunidad. En humildad un miembro decide someterse al otro, de manera voluntaria. Así debemos ser entre todos, con una actitud de humildad los unos con los otros. Nadie más que el otro, salvo, por supuesto, nuestro Apóstol.

¿Qué implica esto? Primero, la igualdad absoluta entre todos los miembros (no existen jerarquías y por ende no es necesaria la institucionalidad). Segundo, el sacerdocio de todos los creyentes y el hecho de que todos tengamos que hacer la misión. La suma de ambas nos trae una conclusión determinante: no existe en nuestra comunidad la línea entre el laico y el pastor. No existe porque somos ontológicamente lo mismo; no existe porque todos somos iguales. Tercero, la entrega de los miembros por su otro, por su hermano, la actitud permanente de servicio.

¿Podemos resumir más el asunto? Diría que sí. Diciendo lo anterior de otro modo, los dos principios fundamentales de la comunidad hacia adentro son la horizontalidad y la entrega por el otro en beneficio de todos.

¿Y para qué está la comunidad? (o, dicho de otra manera, ¿Cuáles son los principios de la comunidad hacia afuera?) Para dos cosas. Primero, para hacer comunidad. Segundo, para cumplir la misión que Dios nos ha puesto en la tierra. ¿Qué misión? La que hemos definido previamente: misión integral ya sea en lo espiritual, en el medio ambiente, en lo interno del ser humano o en lo social: donde Dios nos llame a trabajar. Allí la comunidad debe impulsarse activamente en una actitud solidaria con el mundo, comprendiendo lo mejor posible lo que sucede y estando prestos a dar, porque de esa manera podremos comprometernos con la idea de construir el reino de Dios en la tierra. Aquí viene la motivación: HAY QUE HACER ALGO. Nos hemos convertido en una comunidad sin misión, y eso debe cambiar. Tengo una reunión con el director del colegio el viernes. A ver si tenemos más ideas de otras cosas.

¿Y qué principios mueven a la comunidad?

CRECIMIENTO: La comunidad quiere crecer, pero priorizando el crecimiento espiritual sobre el numérico. La salud comunitaria y personal de cada uno de los miembros es lo más importante. Crecer en madurez, en conocimiento de Dios. No es una renuncia a la evangelización, es renuncia al crecimiento neoplásico sin consistencia.

REVOLUCIÓN HOMILÉTICA: El monólogo del sermón es reemplazado por el dialogo plural. Supone el abandono del discurso pero el impulso intenso del dialogo entre iguales, donde uno aprende del otro.

ESPONTANEIDAD: La comunidad renuncia a la rigidez programática. Cree que es bueno planear, pero siempre es sensible a lo que ella misma quiere y es abierta a los cambios a los que el Espíritu Santo la lleva. La espontaneidad se lleva también a los aspectos económicos: se renuncia al diezmo y se abre a la voluntariedad absoluta a la hora de la necesidad de la comunidad como un todo o de un miembro específico.

INNOVACIÓN: La comunidad considera con respeto los 2000 años de historia cristiana y, en ese espíritu, se abre a la innovación en las formas eclesiales, la manifestación de la fe y maneras creativas de hacer la misión, como tantos hermanos cristianos lo hicieron en el pasado.

DIMENSIONALIDAD: La comunidad considera que los paradigmas del tiempo y el espacio se han roto. No son necesarios templos ni tiempos específicos para desarrollar la vida lutúrgica. Para la comunidad, cualquier espacio y cualquier momento puede ser adecuado para un encuentro con el Señor Jesucristo.

CELEBRACIÓN: La comunidad prioriza la alegría y la celebración como elementos fundamentales dentro del compartir cristiano. La alimenta su convicción de estar trabajando en la misión de Dios, de crecer en madurez y de ser parte de la maravillosa creación de Dios, y desde allí concluye que permanentemente hay motivos de celebración y compartir como comunidad.

PLURALISMO: Aunque la comunidad ha encontrado su propia manera de acercarse a Dios y vivir el cristianismo, reconoce la multiplicidad de experiencias de fe, tanto tradicionales como no tradicionales, en las cuales Dios trabaja y manifiesta su amor, obrando mediante su Espíritu Santo de la misma manera que lo hace con ella. Este reconocimiento implica respeto porque considera que todos somos hijos de Dios alabándolo de maneras distintas, llenas de nuestras propias experiencias siempre distintas.

DIGITALIDAD: La comunidad aprovecha las nuevas tecnologías mediante las cuales la Palabra puede ser expresada y se adosa a ellas. Blogs, Youtube, Skype, messenger, redes sociales y otras metodologías son espacios en los que la comunidad se puede expresar, y lo hace efectivamente.


Dado lo anterior, y pensando en mis conversaciones con Miguel Paredes… ¿Somos iglesia??????? Somos un grupo de creyentes, profesamos a Cristo, somos bautizados, tenemos algún tipo de organización –nos reunimos semanalmente, ¿no?-, tenemos un propósito claro: hacer la misión de Dios…. ¿Sómos iglesia, Miguel??? ¿Qué dice el resto?

1 comentarios:

El Peregrino on 7:53 p. m. dijo...

Veo muy positivo vivir conforme al modelo bíblico, horizontal, sin jerarquías... Cabeza (Cristo) y Cuerpo (TODOS los creyentes) ¿Para qué más?

Espero que Dios les ayude a administrar sus dones para la edificación mutua y la extensión del Reino.

Un abrazo desde España del Blog No Mas Mitos Cristianos

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